Quejarse

Estándar

Personalmente, me gustaría poder usar a mis anchas todo el contenido (multimedia, textos, software…) al que puedo acceder, o al menos del que tengo una copia. Sin embargo, existen leyes que me prohíben que haga determinados usos de él, que resultan ser la mayoría, aunque sea técnicamente posible o muy fácil. Para nada me parece algo divertido investigar sobre qué puedo y qué NO puedo hacer con dicho material, por el contrario, es un auténtico coñazo. Sin embargo, los motivos por los que voy a preocuparme en buscarlos son: comprender mejor las condiciones de uso de WordPress, que me facilita el blog bajo la condición de no violar contenido con copyright ni enlazar a páginas donde lo hagan (entre otras muchas cosas); no incumplir la ley y, finalmente, y es el motivo que de verdad me motiva a hacerlo, quejarme menos de cosas falsas y más de cosas que efectivamente son reales. Además, conocer mejor las cosas da lugar a que descubras nuevos aspectos que antes no conocías, y te da más material para quejarte. Y dirás, ¿para qué tanto quejarse? Pues para reclamar lo que consideras justo. Pero ya no es solo eso, quejarse es algo necesario para ser cool: ¡de hecho todo el mundo lo hace muchísimo! Lo malo es que a menudo uno se queja con argumentos que no han sido refinados lo suficiente: valoraciones rápidas, sin tener en cuenta la opinión de la otra parte o el simple abuso de la queja como elemento socializador, aunque realmente uno no se haya planteado aquello de lo que se queja. Estoy convencido de que quejarse hace a los humanos sexualmente más atractivos, supongo que una justificación a la darwinista sería que aquellos espécimenes que decidieron emparejarse con otros que se quejaban mucho evadían más peligros que aquellos que se emparejaban con espécimenes que no se quejaban, por lo que los primeros tenían una mayor probabilidad de sobrevivir. ¡Si algún entendido lee esto que se queje!

Es parte de mi intención con este blog el mostrar rechazo a aquello que no puedo usar libremente, pues no me gusta que se prohíba a la gente hacer cosas cuando no se molesta a nadie. Los que defienden la filosofía de todos los derechos reservados a menudo utilizan el argumento de que, si no fuera así, los autores no ganarían suficiente dinero como para que les siguiera interesando producir obras, y entonces no habría obras. Pero hay otras maneras de ganar dinero que no exigen el declarar ilegal que las personas compartan y creen por sí mismas. Además, muchos autores no desean hacerse ricos, otros ni siquiera consideran que se deba cobrar por el arte que crean. Sin embargo, lo peor de todo es que NO son los autores los mayores interesados en obtener beneficios (de sus propias obras), sino que es la industria de los contenidos la que desea obtenerlos (de obras ajenas). Ya que el trabajo de la industria no es crear obras, sino obtener dinero de ellas mediante una lógica empresarial, no es su papel valorar la relación autor-obra-usuario, solo les interesa obtener beneficios. Es por ello que no se corta en intentar privar la libertad de quienes disfrutan las obras (en nombre de los autores, claro, no de ellos), ya que quieren dinero y trabajo como todo el mundo. Pero NO todos los trabajos son aceptables. Algo similar ocurre sustituyendo “contenidos” por “armamento”; por muchos puestos de trabajo que cree una guerra, las guerras NO son aceptables.

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