La princesa prometida

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Recuerdo La princesa prometida, libro que leí en mi juventud y en el que el autor de aquel libro que estaba leyendo explicaba que él no era realmente el autor de La princesa prometida. Su padre le había contado de pequeño la historia original y le gustó mucho. Entonces, muchos años después, él mismo se lo regaló a su hijo con la esperanza de que pasara tan buenos momentos como él recordaba, pero lo que ocurrió es que al hijo le aburrió mortalmente. Resultó que era porque el padre del padre se había saltado intencionalmente las partes más aburridas y le había contado las más emocionantes.

Entonces, el hombre este, el padre, se las arregló para que su editor le permitiera publicar la obra del autor original cortada, sobretodo suprimiendo aquellos fragmentos donde enseñaban a la princesa los protocolos de palacio. Además, este señor, en los cortes, explicaba por ejemplo esto que acabo de contar yo, además de todas sus impresiones sobre el libro y la historia de su propia familia. Pero la historia no acaba aquí, este buen hombre incluso consiguió engañar al editor para que si alguien mandase una carta a su oficina pidiendo cierta historieta narrando cierto reencuentro entre los protagonistas después de larguísimas fatigas hacia la mitad de libro (que este hombre acusaba al autor original de no haber escrito cuando cualquiera lo desearía), si la solicitándola explícitamente, el editor le mandaría por correo la versión creada por este señor que no era el autor. Pero es que además, el revolucionario este, además tenía la guasa de decir que no era necesario que leyeran la historieta, solo que la pidieran para hacer ver al editor que la gente estaba interesada en aquello.

Seguramente fue él la primera persona que me presentó las cosas estas de los derechos de autor aunque en aquel entonces solo lo veía como algo interesante en sí mismo, pero no le daba mayores implicaciones. Pero ahora mismo, que acabo de recordar felizmente todo esto, cuanto más pienso en ello más se convierten en mis ídolos, tanto él como el editor. Dudo que muchos jueces dieran el visto bueno a aquella decisión, pero el resultado fue realmente genial, una muestra viva de cómo la reutilización de una obra artística literaria puede dar lugar a una obra mejor, o mejor dicho, una obra con valor añadido.

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