Evita la esencia si lo que quieres es enseñar algo a alguien

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Campo magnético

老陳, GFDL

A veces uno se pierde hablando, o mejor dicho, pierde a los otros. Pongamos algunos ejemplos:

Mi profesor de Física del Plasma. Es un genio. Estoy convencido de que será él el primero en encontrar una solución estable al confinamiento magnético del plasma, con la cual que se podrá controlar la fusión nuclear y tener energía a chorros para todos. Sin embargo, como profesor es horrible. Estoy seguro de que cualquier físico teórico o matemático disfrutaría enormemente cualquiera de sus clases y aprendería mucho, tanto por su rigurosidad y formalidad como por la apreciación de la esencia de aquello que trata. Pero los estudiantes de física, incluso los más eruditos, no conocen perfectamente los fundamentos matemáticos de las teorías físicas, ni tampoco se manejan como Pedro por su casa con todos los elementos de dichas teorías. Saben hacer algunos ejercicios relacionados con ellas, conocen definiciones e incluso puede que conozcan algunas demostraciones importantes, pero asumir que la teoría y el estudiante ya forman un único ser es pasarse.

Mi madre. Sabe perfectamente todo lo necesario para llevar adelante una magnífica granja en el malvado juego FarmVille, pero sin embargo no sabe lo que es cerrar una ventana del escritorio o qué hacer cuando unas ventanas se quedan detrás de otras. Si ya no se ve es que no está. Cuando intento explicarle algo olvido que realmente ella lo que ha aprendido es el camino para llegar hasta un sitio, pero no tiene por qué saber nada sobre lo que ha hecho para llegar hasta allí.

Yo mismo. Personalmente, pienso que explico muy bien las cosas, de hecho pienso que las explico mejor que nadie. El problema es que probablemente eso lo piensa todo el mundo, y por reducción al absurdo, eso es imposible. Usar palabras muy sencillas y presentar las ideas de manera muy simple es una buena cosa, sin duda. Esto es muy útil para alguien que ya tiene conocimientos previos en el tema pero que necesita reorganizarlos y descubrir las piezas que faltan para así comprender mejor la cosa en cuestión, pero para otro que no se ha interesado nunca por algo parecido, esto no funciona. Algunas razones:

  • Son los ejemplos y la características singulares lo que llaman la atención. La furgoneta hippie, un dibujo ridículo o algo muy impactate pero no representativo en absoluto son las cosas que se recuerdan y pueden hacer que alguien se interese por algo. La prensa sensacionalista triunfa por esto.
  • La esencia de las cosas es aburrida. De hecho, cuando la conoces ni siquiera das importancia al conocimiento como un todo, porque cuando se entiende cómo funciona algo, todo es excesivamente simple, mera fenomenología, casos particulares que se explican perfectamente a partir de la esencia. Pero la esencia es una idea tan sencilla que resulta ridículo hacer hincapié en ella, es como es y no se le puede sacar más ya que es la esencia. Resulta más interesante explicar las consecuencias o detalles.

En definitiva, la esencia de las cosas sabe a poco. Tanto cuando estás lejos de comprenderla porque resulta esquiva e inabordable como cuando ya la has comprendido, que resulta simplista e intrascendente, ya que no hay ninguna duda de que es así. ¡No importa cómo de claro la expliques y las palabras tan sencillas que utilices! Para el que no la conoce siempre todo sonará a lo mismo, pero le resultará difícil distinguir las consecuencias de las causas y lo que se puede derivar de ese conocimiento y lo que es fantasía. Por el contrario, los detalles sí son más fáciles de memorizar o recordar. El problema es que si no se conoce la esencia, no se puede tener certeza de que algo es cierto, ya que no sabemos llegar lógicamente hasta dicho conocimiento a partir de la esencia, por lo que no es posible distinguir entre la verdad y la falsedad. Pero aun siendo triste, no tiene sentido quejarse por ello. Intentaré tenerlo en cuenta para presentar las cosas de una manera más acertada en el futuro. Quizá empezar por los detalles para captar la atención y, cuando ya se haya conseguido, ir a la esencia, podría ser una buena idea.

Un anciano profesor de matemáticas nos dijo un día en clase:

— Los profesores jóvenes se centran demasiado en los teoremas importantes.

Él, por el contrario, no parecía dar más importancia a ninguna parte en particular de su asignatura, sino que a menudo hacía muchos ejercicios para los que había que usar herramientas matemáticas de otras ramas. Por cierto, sus exámenes son muy simples, solo tienen dos preguntas que para nada abarcan todo lo explicado. Cuando los corrige, en el momento en el que encuentra algo incorrecto, tacha el resto del ejercicio hasta el final.

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