El día de mi cumpleaños

Estándar

Hoy ha sido el día de mi cumpleaños, y ha sido un gran día. He hecho un poco de todas las cosas que me gustan y de las que está bien que haga.

Aunque me acosté tarde, allá sobre las 4:00, me he levantado a las 10:00, con sueño, sí, pero me he levantado. El desayuno me ha dejado muy satisfecho, aunque ha sido poco más que unos brotes de alfalfa y lentejas y un té de romero. Aún no terminaba de salir el sol en el jardín, pero al fondo del todo aparecían los primeros rayos, que apenas calentaban. Pero estos últimos días han sido espléndidos, y el aire fresco solo me ha dado estímulos positivos.

Fui a mi cuarto dispuesto a estudiar, aun siendo tan temprano para estar en fiestas. Tenía unos apuntes sobre la mesa que había empezado a transcribir para forzarme a pensar en ellos. He continuado, con buena letra y sin agobiarme. He recordado algunas cosas importantes y en mi cabeza han germinado las semillas necesarias para pensar en términos de medios dieléctricos equivalentes. Ahora ya tengo algo útil más ahí dentro que podré seguir cociéndo para entender la teoría cada vez mejor.

Una compañera me llamó por teléfono y estuve hablando largo tiempo con ella. No suelo escucharla por teléfono nunca y cuando lo hago le descubro una voz muy dulce que me hace sentir muy bien. Hablamos despacio, de cosas diversas, unas trascendentes y otras no tanto, pero siempre sin tener que sacar un tema porque hubiera silencio. Su voz me transmitió ese sentimiento en los primeros minutos y he disfrutado de ello el resto de la conversación. Gatos, familia, planes, pero todo con buen humor y sin forcejeos. Al final me dijo que había intentado hablar conmigo por jabber estos días atrás pero que aparecía como no conectado. Corté el teléfono e intenté ver lo que pasaba.

Aparentemente era un problema de jabberes.org, que conectaba bien con otros bajo el mismo dominio pero no con jabber.org. Recordé que lavabit también tenía una servicio a través de XMPP, así que miré la configuración en su web y en un plis plas todo funcionaba sobre ruedas.

También me entretuve con un programa en fortran que escribo para una asignatura. Problablemente implementé el cambio de diseño más sensato que ha recibido hasta ahora. Me deshice de todas las directivas del preprocesador que estaban ahí por razones de optimización pero que, además de fastidiarme la preciosa indentación de mi código, me obligaba a compilar el programa siempre que quería cambiar una variable de interés como el tamaño de mi sistema. Ahora en los 10^8 bucles que haga tendrá que comprobar muchas condiciones ya conocidas nada más ejecutar el programa, pero se lee muchísimo mejor y está preparado para cualquier estandarización más que le quiera hacer, como aceptar el ajuste de parámetros por línea de comandos.

Más tarde herví agua y puse unas patatas. Corté puerro, tomate y calabacín e hice una ensalada. Después de comer fui a sacar de paseo a un amigo perro, que aunque me tiraba mucho de la correa lo hacía con mucha menos fuerza que las primeras veces. No podía evitar enfadarme un poco con él por hacerlo y alterar mi paseo, pero una vez que le paré para decirle a la cara que ya estaba bien aquello concluí que obviamente no era nada personal contra mí y que tampoco tenía sentido que lo tomara como tal.

En casa seguí estudiando un rato más, y más adelante encontraría un texto que había olvidado completamente pero que cuando releí recordé lo emotivo que era para mí. Le corregí algunas faltas de ortografía y añadí algunas sentencias que bien consideraba que no le hacían injusticia. Sin embargo era demasiado largo, y tuve que dejarlo porque ya iba a llegar mi familia a casa de mis padres y no quería llegar tarde.

Ya había llegado mucha gente, casi toda bastante mayor. La chimenea estaba encendida, y todos reposaban sobre sofás alrededor de una mesa que estaba justo en frente del fuego. Tras las palabras y contactos de rigor me dejé sumergir en un trozo de sofá yo también. Alguno decía ocasionalmente algo, y algun otro respondía de manera vaga. En ocasiones sentía que debía decir algo por las palabras y tonos recién creados, pero otras voces que surgían desde atrás cambiaban continuamente el statu quo de la situación, lo cual siempre me permitía no tener por qué decir nada, tan solo seguir allí, sumergido entre el sofá y aquellas voces. Voces, emitidas por la televisión.

Dado que era mi cumpleaños y me encontraba con mucha autoestima pregunté si podía apagar la televisión. La primera respuesta fue afirmativa, así que simplemente la apagué. Sin embargo, en tanto que pulsé el botón y volví al sofá nadie dijo una palabra, y la habitación se llenó de un silencio desconocido. Como es natural, todos estábamos alterados por aquel silencio. Uno dijo: “Así lo que parece es que estamos solos“. Mi madre, que lo último que quiere es causar molestia alguna a los invitados, hacía presión para que volviera encender la tele. Mi padre sugería un término medio proponiendo una cadena de música. Aquello a mí no me convencía, ya que no podía esperar buenas vibraciones de la música que tiene el control de los medios y a la que la gente está acostumbrada. Por otro lado, música clásica o algo así hubiera sido demasiado inusual y blanco de todo tipo de comentarios. Sin embargo, empezó un poco de conversación a raíz de si teníamos canales de música o no, lo cual aproveché para crear conversación, lo más cotidiana posible, y desviar así la atención del silencio.

Comencé hablando sobre una pasada reforma de la chimenea y poco más, pero ya fue suficiente para que todos empezaran a seguir creando conversación con mucha más habilidad que yo. Hablamos de historias pasadas, de la vida de algunas personas del pueblo cuando eran más jóvenes. Se hicieron bromas sanas sobre ellas a partir de cosas que supuestamente dijeron, las cuales dudo que fueran así exactamente tanto en palabras como en modos, o que meramente se hubiera dicho algo parecido. Pero eso por supuesto eso no importa. Todos reían o participaban saludablemente, sin ninguna maldad. En un momento mi abuela llegó a reír muchísimo, más de lo que la he visto reír desde hace mucho. Me preocupaba por su salud, que no está muy bien, y me preguntaba si realmente estaba siguiendo la conversación. Demostró en varias ocasiones que ella tenía algo que decir porque ella misma lo había vivido. Dado el trabajo que le cuesta hablar, en otras ocasiones casi siempre que hablaba no la entendía, ya que aunque los otros callasen, los de la tele ni bajaban la voz ni entraban en consonancia con sus ritmos. En esta ocasión entendí todo perfectamente.

Pensé que, aunque luego llegaran más personas y, cambiando el estado de la situación se encendiera la televisión, habría merecido la pena. Sin embargo, eso nunca ocurrió. Todos los que llegaron con la tele apagada se incorporaron naturalmente. Al menos yo, olvidé completamente que la tele había estado encendida tiempo antes, y que era la encargada de romper el silencio incómodo. Ahora lo hacían entre todos sin que yo no tuviera que animar nada. Hablé entonces con gente de mi familia individualmente. Jugué con mis primas. Me sentí aceptado por muchos. Cuando todos se fueron, ayudé a recoger, hablé con mis padres y volví a casa.

El cielo estaba de un azul marino por razones que desconocía, pero hacía a las estrellas mucho más claras  y agradables de ver que con el cielo negro. La luna estaba llena. Quería decirme que había sido un día redondo.

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    • Me alegro de que te haya parecido interesante. No creas que no tengo ganas de escribir más a menudo, pero es difícil encontrar un equilibrio entre inspiración y atender a las cosas de la vida diaria.

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