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Aceptando otras dimensiones

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Hoy me apetece contar algo más recreativo. Seguramente os desarticule algún mecanismo que os haga sentir bien. Espero.

Una vez un profesor de matemáticas al que ya he referido alguna vez, sin venir a cuento, nos empezó a hablar de algo que acabó gustándome mucho. En esencia dijo lo que escribo a continuación, aunque he usado muchas más libertades literarias que él:

A veces uno está convencido de que ciertas cosas son imposibles. Cuando a uno le hablan de fantasmas, puede pensar que es imposible que existan seres que puedan entrar a habitaciones cerradas sin abrir las puertas ni las ventanas. Imaginemos a alguien que existe en el plano de la pizarra y se puede mover a lo largo de ella. Un día ella está dentro de su cuarto, que es un rectángulo dibujado alrededor suya, y se plantea la existencia de los fantasmas, y se convence a si misma de que nadie podría salir de allí sin abrir la puerta.

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En efecto, cuando la puerta está cerrada, no podemos trazar ningún camino con la tiza que vaya desde dentro hasta fuera de la habitación sin atravesar las paredes. Pero, ¿son esas todas las posibilidades? Nosotros vivimos en un universo con más dimensiones que el suyo, y podemos levantar la tiza del plano de la pizarra, pasar por encima de la pared y entonces volver acercar la tiza a la pizarra para pintar fuera de su habitación. La pizarra no ha sido impregnada durante el tiempo que la tiza no estaba en contacto, pero la tiza siempre ha seguido un camino continuo perfectamente describible desde nuestro punto de vista. Sin embargo, ella que está dentro de su habitación, ha debido sentir ahora mismo una experiencia completamente mágica e inexplicable de acuerdo a su experiencia ordinaria.

Pensemos ahora en nosotros, que estamos dentro de esta clase con paredes en las tres dimensiones. ¿Alguien cree que es posible salir fuera de ella sin abrir la puerta? ¿Alguien cree que es imposible? ¿Cómo convencerse de que seres que se muevan en otra dimensión más no pueden hacerlo?

Al hilo de esto, y dado lo ameno del relato anterior, dejadme que os cuente una experiencia parecida que me ha ocurrido estos días. Desde hace un tiempo estoy pensando en bosques, que pueden ser muy bien estudiados en un modelo en dos dimensiones, ya que viven sobre la superficie terrestre y no unos encima o debajo de otros. He hecho un programa que simula su evolución. Como es muy habitual en modelos científicos, para intentar disimular las limitaciones finitas que tiene tratar con un bosque pequeñito como el que puede tratar un ordenador, se usan las llamadas Condiciones de Contorno Periódicas (CCP). Explico lo que son. Si un árbol se encuentra en medio del bosque, podría dejar una semilla en cualquier dirección, y allí podría nacer otro árbol de su misma especie.

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Sin embargo, para un árbol en el borde del bosque, en una dirección no pueden propagarse las semillas, ya que el bosque acaba ahí. Piénsalo como una isla: si hay un árbol en la orilla de la playa, las semillas que caen al mar no nacerán. Es por eso que en los bordes del bosque pasarán cosas diferentes de las que pasan en el centro. Y a menudo, los bordes son muy pequeños comparados con el tamaño de los bosques reales, por lo que se buscan maneras para reducir los efectos que los bordes tienen sobre la evolución de tu sistema. Las CCP evitan precisamente eso y consisten en que aceptemos que el árbol que está en la orilla deja caer semillas hacia el mar, pero que esa misma semilla caiga justa y mágicamente por el extremo opuesto del bosque. Es como si hubiera un árbol idéntico por el otro lado, fuera de nuestra zona de control, que la hubiera dejado caer.

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Alguien que sabe más que yo de simular bosques, compartió conmigo su programa, y los resultados que obtuve eran diferentes. ¿Cómo era posible? Todo parecía funcionar exactamente igual. Pero hace unos días, leyendo el código fuente, descubrí un fallo en su programa. Ocurría que aunque parecía que su programa respetaba las CCP, permitía que hubiera dos árboles en el mismo sitio si las semillas habían llegado por caminos que implicaran atravesar las “paredes mágicas” de maneras no equivalentes. Por ejemplo, los tres caminos que ha podido recorrer la semilla de la imagen siguiente, acaban en el mismo sitio. Si no habéis probado videojuegos tipo el llamado “juego de la serpiente” como el juego de gusanos para Gnome, puede que os resulte difícil imaginar las trayectorias, especialmente la que sale originalmente hacia arriba, pero son perfectamente correctas con CCP.

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Pues como digo, en su programa las tres semillas podían instaurar ahí su árbol, mientras que en el mío, como es lógico de acuerdo al modelo, solo había cabida para una de ellas. En aquellos momentos, tras haber buscado las diferencias entre nuestros programas por mucho tiempo, y a mi pesar, mi ego se incrementó de manera descontrolada y no podía parar de pensar en cómo iba a comunicar aquella noticia a gente que estima estas cosas, en particular al que tanto sabe y que era el autor del programa. Por suerte, decidí esperar y salir a la montaña un par de días en un bosque de verdad. Gracias a ello, me di cuenta de la profunda alteración mental que había sufrido y cómo mi ego había robado mi tiempo, mi ánimo para hacer otras cosas y, sobretodo, mi paz mental. Cuano volví, escribí unas líneas humildes al autor del programa intentando explicarle dónde creía que estaba el problema. Entonces conseguímos entendernos y resulto ser que su programa no tenía un fallo, sino que mientras que mi bosque vivía en un mundo periódico, el suyo podía salir de él mismo, considerando que hay más bosque más allá de los límites. De esa manera, aquellos caminos que dibujaba antes, en su programa eran interpretados como en la figura siguiente, los cuales permiten crear árboles diversos.

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Dado que tanto él como yo teníamos en la cabeza dimensiones diferentes, por decirlo de alguna manera, la comunicación entre ambos mundos no era ciertamente fácil. Sin embargo, dado que me encontraba en un magnífico estado mental antes de iniciar la conversación, pude dejar que mi cosciente e incosciente tuvieran espacio y fuerzas para trabajar en ello y finalmente se me encendió la bombilla. Conseguí entender que aquellas sentencias eran correctas si se interpretaban de una forma diferente, aunque incorrectas interpretadas desde un mundo periódico. Si hubiera iniciado la conversación cuando me encontraba ciego por mi egolatría, dificílmente hubiera podido estar preparado para considerar lo que él me decía, ofuscándome mucho más en insistir en el por qué su programa es incorrecto. Además de que podríamos habernos puesto demasiado serios y haber roto más nuestra relación en lugar de mejorarla.

Así que, moraleja: No descartes las cosas porque te parezcan imposibles. Y si vas a comunicarte con alguien que habla de cosas imposibles, procura hacerlo con la mejor predisposición posible. Como todos los demás, estás atrapado en tu mundo… más o menos estúpido.

Libre mercado, libre publicidad

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imvomitinitHoy he ido a la ciudad después de varias semanas. Nada más bajarme del autobus he visto un cartel publicitario de unos 4 metros de alto de McDonald. Utilizaría nombres ofensivos para referirme a dicha franquicia, como McPollas, McMierda, I’m vomiting it, etc., pero eso no serviría de nada. La gente usa esas expresiones y después va allí igualmente sin dar trascendencia a lo que recuerdan esas palabras. Pues el cartel en cuestión, no me pidáis que os diga exactamente lo que ponía, porque sinceramente, me ha conmocionado tanto que ni lo recuerdo, empezaba diciendo algo así como:

Ofrecemos un menú variado por muy poco dinero.

Ya había visto más publicidad de McDonald en la que se hacía ilusión a la variedad, hacer hincapié en eso debe ser importante para ellos. Además, no se puede decir que sea falso, ya que tener variedad de productos no implica, por ejemplo, que sea nutricionalmente variado, aunque a tu cabeza llegue esa idea. Pero lo que no podía esperarme era la segunda parte:

Ir a comer a McDonald es de sentido común.

En aquel momento se removieron todas mis entrañas. De sentido común. De sentido común. ¡De sentido común! ¿Cómo se puede decir algo así? Aunque no tuvieras completamente ninguna duda de algo y quisieras ayudar a alguien, no puedes decir algo así. Si realmente es de sentido común la persona debería reconocerlo por ella misma, ¿cómo tienes la desfachatez de adjudicar a tu criterio el sentido común? Eres humano. ¿Cómo tienes la poca vergüenza de crear una argumentación nemotécnica en un cartel de cuatro metros cuadrados para que todas las personas que pasen retengan la idea de lo que es de sentido común? Se ha pagado esa publicidad para introducirse en los esquemas mentales de innumerables personas. Pero en este caso, los que han diseñado el cartel no creen que eso sea de sentido común. No. McDonald lo único que pretende es que vayas allí a comer tu 40% de carne de vacuno para el que ha sido necesario abusar del vacuno, del agua, de la soja, de los bosques, de los trabajadores, de los espacios… y que te comas también el 60% restante de mierda, para cuya elaboración al menos no ha sido necesario abusar más que de ti y de los puestos de trabajo creados para que diseñarla, producirla, y llevarla hasta tu plato. Perdón, cajita de cartón.

De sentido común. ¿No había alguien que regulaba la publicidad para que fuera leal, justa y no sé qué más? ¡Ah! no, espera, esos eran los de la tele, que hicieron un anuncio publicitario super ambiguo en el que no sabías si realmente se habían atrevido a usar el sarcasmo para una cosa tan seria o realmente afirmaban que como la publicidad no le importa a nadie ellos no tienen por qué hacer nada. ¡Ah!, no, tampoco, esos seguramente en la cartelería de Granada ni pinchan ni cortan. Aquí seguro que es gente muy responsable la que vigila el contenido de la cartelería.

Probablemente es el primer texto que publico con aire enfadado. No me gusta dicha práctica por varios motivos, pero hoy me siento así y no voy a esconderlo. Pues así me encontraba de dolido esta mañana. Abrí la mochila, buscando cualquier cosa que pudiera servirme para boicotear aquella publicidad, pero no llevaba fiso ni papeles. Por un momento me entraron ganas de coger algo pesado y comenzar a aporrear aquel mostrador. O pinturrejearlo. O lo que sea. Pero solo fue por un momento. Si tuviera algo grande como un folio pondría alguna crítica, aunque sería difícil argumentar buenas razones que cruzaran varios campos de razón además de ser escuetas. Pensé entonces que igual era mucho más efectivo escribir “NO ME TOQUES LOS COJONES” con una flecha apuntando a lo de Sentido Común. Recordé que habían puesto una cámara de media esfera unos metros más adelante. En efecto, miré y allí estaba. ¿Te imaginas que por ayudar al pensamiento crítico reciba una “sanción”? Se me ocurre la crítica rápida que puede hacer un defensor de la neutralidad publicitaria para sancionarme:

No tienes derecho a impedir que la gente diga lo que quiera, si no te gusta pues no le hagas caso. Pero no te metas en la vida de los demás, ellos no son imbéciles.

Eso no es aplicable, desde luego, ya que una cosa es la opinión y otra modificar intencionada y agresivamente el campo visual de las multitudes para introducirles ideas con una eficiencia x. Pero es que aunque ese argumento fuera cierto, ellos no lo respetan. El día que abrieron ese McDonald decidí emplear mi tiempo en ir a manifestarme delante suya, comiendo comida vegana y repartiendo información sobre dicha empresa. ¿Y a ellos les pareció bien? A los camareros les hizo mucha gracia, pero el jefe llamó a la policía nacional y vinieron a identificarnos y a preguntarnos cuánto rato íbamos a estar allí. Eso prueba que los que han pagado por esos carteles (que probablemente permanecerán en su vitrina de alta tecnología un rato más del que yo estuve en la puerta) no creen en la libre difusión de ideas. Lo que quieren es, por los medios que sean, conseguir que vayas a gastar tu dinero allí, aunque solo te comas el 60% de mierda y apartes el maravilloso vacuno, si acaso pudieras separarlos.

Pues esta mañana usé métodos todavía más avasalladores. En el billete del autobús, de unos dos centímetros cuadrados, escribí “Sentido Común es NO ir a McDonald”, y lo encajé por la rajilla del marco de la vitrina (un sitio a menudo útil para dejar notas si no tienes fijador). No siento ninguna necesidad de justificar la utilidad que eso pueda tener, pero los medios de comunicación sí que se han encargado de generarnos una idea en la cabeza, aunque después la sometamos a juicio:

Yo soy un terrorista antisistema que debe ser corregido mientras McDonald contribuye al PIB empleando métodos legales que están a la orden del día, como el neuromarketing.

Lo dejaría aquí, pero es que después ocurrió algo que tuvo gracia.

Iba caminando por la calle, tan afectado, que pensaba que a la más mínima oportunidad le contaría mis sentimientos a alguien. Y fíjate por donde, me topé con dos de Intermón Oxfam en mi acera. Y uno me paró.

El chico formuló algo casi literario, con un aire joven. Algo así como que si iba a emplear unos minutos allí con él. Pero yo no estaba agudísimo, y con una cara muy fea y negando con la cabeza le dije «¿Qué? ¿Qué me estás diciendo?». Intentó reformular aquellas palabras de manera más estándar, pero realmente se encontraba sin saber muy bien cómo tratarme. Entonces empecé a hablarle yo:

─ Mira, vengo arrabiado. Cuando me he bajado del autobus he visto publicidad de McDonald diciendo que ir a McDonald es de sentido común. ¿Cómo pueden decir algo así? Estaba allí sin saber qué hacer, y no tenía ni papel, ni fiso ni nada para poder pintar algo encima.

Él entonces me señaló su chaleco reflectante donde estaba escrito “Intermon Oxfam”, diciendo algo sarcástico con relación a que él mismo estaba haciendo publicidad. Pensé que se sentía atacado, pero a continuación añadió:

─ Aunque no tengas papel lo que siempre puedes hacer es coger algo que haya por ahí cerca y reventarlo contra la marquesina. Por la noche o cuando sea.

Entonces yo, que no quería hacerle creer que me quejo por todo indiscriminadamente, le expliqué que no era tanto el hecho de que hubiera publicidad en si, sino que permitieran que se pudiera poner en ella lo que les diera la gana. Entonces el chico me dijo:

─ ¿Y mañana qué empresa va a poner la publicidad? ¿Burger King? ¿Tú crees que la publicidad que va a poner Burger King va a ser mejor? ¿Mercadona? Tú revienta la marquesina y ya así no puede poner la publicidad ni McDonald ni nadie.

Yo desde luego me encontraba sorprendido, ya que había entrado acomplejado de vándalo por alterar los flujos de información y él me estaba proponiendo inutilizar los canales de publicidad. Me planteba si me lo decía por exagerar o realmente pensaba que era la solución, teniendo voluntad de hacerlo él mismo. Dado la forma en que se le había iluminado la cara y cómo se recreaba, me pareció lo segundo.

─ Pues sí, en cierto modo sí. Bueno, me voy, pásalo bien.

Y el tío, con una cara muy feliz, me dio un puñetazo amable en el hombro y me dejó marchar. Yo estaba un poco extrañado. Por unos segundos concebía que todavía quisiera contarme el rollo (que no es tal) de Intermon Oxfam y tuviera que darle largas, pero por supuesto no lo hizo. Seguramente sería lo más divertido que le pasaría en toda la mañana.

Pero el chico este tenía mucha razón. Acepto que hay publicidad y ¡¡PUBISCIDAD!!, pero hoy no puedo permanecer neutral con respecto a la libertad legal de que dispone y que la protege. No soy una persona violenta y no me siento cómodo creando brotes de entropía, pero estoy harto de que no pueda poner de ningún lado la caja de cereales que hay sobre la mesa para poder escapar de su rango de acción. Harto de no poder esquivar modelos de realidad que personas interesadas quieren que estén en mi cabeza mientras yo no. Y de que lo hagan con el resto de individuos de mi especie, por supuesto que también.

En memoria de las víctimas del apartheid

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Cuando puedo intento leer el código fuente de algunos programas para aprender y ser mejor programador, lo cual es posible gracias a que los programas que trato son software libre. Buscando aleatoriamente me he topado con C-Graph.

transformsGNU C-Graph es un programa para ayudar a visualizar la convolución de funciones (o señales). Como presentación, decir que la convolución es una operación matemática cuya definición formal, digamos, no es muy intuitiva, al menos para mucha gente, y que necesita ser revisitada muchas veces para comprender su significado.

Pues si ejecutas el programa con el parámetro dedicate, puedes leer la versión original de la siguiente dedicatoria. El poema del final usa metáforas relacionadas con el argot del tratamiento de señales. No prometo que esta sea una traducción muy fiel.

GNU C-Graph está dedicado a las víctimas del apartheid, dondequiera que se encuentren, y está dedicado a la libertad y memoria del abogado haitiano y portavoz de los derechos humanos Eliezer Regnier que murió el 27 de Febrero de 2010 al luchar por la justicia. Que su alma descanse en paz.

para que TODAS las VÍCTIMAS de la LUCHA del APARTHEID sean LIBRES y para REGNIER
 
Me envías discretas señales a través de la habitación,
Yo respondo por impulso, reflejando el muestreo de eventos
Que son una dicotomía desde el día que dejaste el vientre de tu madre
Multiplicada en frecuencia, integrada en el tiempo, una ponderada confluencia
De desplazantes deslizantes trenes de pensamiento, mensajes alternativos bajo transformación
Contraprunto, dualidad, involución, contradistinción sin confusión,
Independencia en la sumación. Silencio -esta es una conversación convolucionada.

— Adrienne Gaye Thompson

convolutions

Más conmocionador aún, si lees el código fuente, puedes encontrar dos subrutinas que están escritas en su honor. Si no estás acostumbrado a leer código fuente, nota que en el siguiente código, para hacer referencia a los argumentos que se pasan a la subrutina, se ha decidido emplear los nombres law (ley) y justice (justicia). También se ha llamado a una variable rights (derechos) y una línea del código haiti. El nombre de los argumentos y las variables pueden ser cualesquiera que elija el programador, pero son muy importantes, ya que recuerdan cuál es el significado del valor que guardan. Ocasionalmente, aunque desaconsejable, uno puede hacer chistes con los nombres que se dieron a los argumentos, variables, etc.., ya que es posible leer el código reinterpretándolo como lo que significaría en el lenguaje convencional humano en lugar de con el lenguaje de programación usado, o un punto intermedio.  En este caso, no se ha hecho por diversión, sino en forma de homenaje. No haré una interpretación del código.


subroutine regnier(law,justice)
!==============================

   ! In memory of Eliezer Regnier

    character(len=*) :: law
    integer :: rights
    real, optional :: justice

    haiti: do rights=0,1
       write(*, "(a)", advance='no') 'C-Graph:>> '
       read(*,'(a)') law
       if(present(justice)) then
          read(law, *, iostat=badinput) justice
          if(badinput /=0) then
            if(rights==1) then
                justice=1
             else
                write(*,'(/,a)') "That was not a number. Try again!"
             end if
          else
             exit haiti
          end if
       else
          exit haiti
       end if
    end do haiti
  end subroutine regnier

integer function eliezer (s)
!===========================
! In memory of Eliezer Regnier
! Define scaling protocol.
character (*) :: s
character(*), parameter :: scale='abfhABFH'
eliezer=INDEX(scale, s)
end function eliezer

El día de mi cumpleaños

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Hoy ha sido el día de mi cumpleaños, y ha sido un gran día. He hecho un poco de todas las cosas que me gustan y de las que está bien que haga.

Aunque me acosté tarde, allá sobre las 4:00, me he levantado a las 10:00, con sueño, sí, pero me he levantado. El desayuno me ha dejado muy satisfecho, aunque ha sido poco más que unos brotes de alfalfa y lentejas y un té de romero. Aún no terminaba de salir el sol en el jardín, pero al fondo del todo aparecían los primeros rayos, que apenas calentaban. Pero estos últimos días han sido espléndidos, y el aire fresco solo me ha dado estímulos positivos.

Fui a mi cuarto dispuesto a estudiar, aun siendo tan temprano para estar en fiestas. Tenía unos apuntes sobre la mesa que había empezado a transcribir para forzarme a pensar en ellos. He continuado, con buena letra y sin agobiarme. He recordado algunas cosas importantes y en mi cabeza han germinado las semillas necesarias para pensar en términos de medios dieléctricos equivalentes. Ahora ya tengo algo útil más ahí dentro que podré seguir cociéndo para entender la teoría cada vez mejor.

Una compañera me llamó por teléfono y estuve hablando largo tiempo con ella. No suelo escucharla por teléfono nunca y cuando lo hago le descubro una voz muy dulce que me hace sentir muy bien. Hablamos despacio, de cosas diversas, unas trascendentes y otras no tanto, pero siempre sin tener que sacar un tema porque hubiera silencio. Su voz me transmitió ese sentimiento en los primeros minutos y he disfrutado de ello el resto de la conversación. Gatos, familia, planes, pero todo con buen humor y sin forcejeos. Al final me dijo que había intentado hablar conmigo por jabber estos días atrás pero que aparecía como no conectado. Corté el teléfono e intenté ver lo que pasaba.

Aparentemente era un problema de jabberes.org, que conectaba bien con otros bajo el mismo dominio pero no con jabber.org. Recordé que lavabit también tenía una servicio a través de XMPP, así que miré la configuración en su web y en un plis plas todo funcionaba sobre ruedas.

También me entretuve con un programa en fortran que escribo para una asignatura. Problablemente implementé el cambio de diseño más sensato que ha recibido hasta ahora. Me deshice de todas las directivas del preprocesador que estaban ahí por razones de optimización pero que, además de fastidiarme la preciosa indentación de mi código, me obligaba a compilar el programa siempre que quería cambiar una variable de interés como el tamaño de mi sistema. Ahora en los 10^8 bucles que haga tendrá que comprobar muchas condiciones ya conocidas nada más ejecutar el programa, pero se lee muchísimo mejor y está preparado para cualquier estandarización más que le quiera hacer, como aceptar el ajuste de parámetros por línea de comandos.

Más tarde herví agua y puse unas patatas. Corté puerro, tomate y calabacín e hice una ensalada. Después de comer fui a sacar de paseo a un amigo perro, que aunque me tiraba mucho de la correa lo hacía con mucha menos fuerza que las primeras veces. No podía evitar enfadarme un poco con él por hacerlo y alterar mi paseo, pero una vez que le paré para decirle a la cara que ya estaba bien aquello concluí que obviamente no era nada personal contra mí y que tampoco tenía sentido que lo tomara como tal.

En casa seguí estudiando un rato más, y más adelante encontraría un texto que había olvidado completamente pero que cuando releí recordé lo emotivo que era para mí. Le corregí algunas faltas de ortografía y añadí algunas sentencias que bien consideraba que no le hacían injusticia. Sin embargo era demasiado largo, y tuve que dejarlo porque ya iba a llegar mi familia a casa de mis padres y no quería llegar tarde.

Ya había llegado mucha gente, casi toda bastante mayor. La chimenea estaba encendida, y todos reposaban sobre sofás alrededor de una mesa que estaba justo en frente del fuego. Tras las palabras y contactos de rigor me dejé sumergir en un trozo de sofá yo también. Alguno decía ocasionalmente algo, y algun otro respondía de manera vaga. En ocasiones sentía que debía decir algo por las palabras y tonos recién creados, pero otras voces que surgían desde atrás cambiaban continuamente el statu quo de la situación, lo cual siempre me permitía no tener por qué decir nada, tan solo seguir allí, sumergido entre el sofá y aquellas voces. Voces, emitidas por la televisión.

Dado que era mi cumpleaños y me encontraba con mucha autoestima pregunté si podía apagar la televisión. La primera respuesta fue afirmativa, así que simplemente la apagué. Sin embargo, en tanto que pulsé el botón y volví al sofá nadie dijo una palabra, y la habitación se llenó de un silencio desconocido. Como es natural, todos estábamos alterados por aquel silencio. Uno dijo: “Así lo que parece es que estamos solos“. Mi madre, que lo último que quiere es causar molestia alguna a los invitados, hacía presión para que volviera encender la tele. Mi padre sugería un término medio proponiendo una cadena de música. Aquello a mí no me convencía, ya que no podía esperar buenas vibraciones de la música que tiene el control de los medios y a la que la gente está acostumbrada. Por otro lado, música clásica o algo así hubiera sido demasiado inusual y blanco de todo tipo de comentarios. Sin embargo, empezó un poco de conversación a raíz de si teníamos canales de música o no, lo cual aproveché para crear conversación, lo más cotidiana posible, y desviar así la atención del silencio.

Comencé hablando sobre una pasada reforma de la chimenea y poco más, pero ya fue suficiente para que todos empezaran a seguir creando conversación con mucha más habilidad que yo. Hablamos de historias pasadas, de la vida de algunas personas del pueblo cuando eran más jóvenes. Se hicieron bromas sanas sobre ellas a partir de cosas que supuestamente dijeron, las cuales dudo que fueran así exactamente tanto en palabras como en modos, o que meramente se hubiera dicho algo parecido. Pero eso por supuesto eso no importa. Todos reían o participaban saludablemente, sin ninguna maldad. En un momento mi abuela llegó a reír muchísimo, más de lo que la he visto reír desde hace mucho. Me preocupaba por su salud, que no está muy bien, y me preguntaba si realmente estaba siguiendo la conversación. Demostró en varias ocasiones que ella tenía algo que decir porque ella misma lo había vivido. Dado el trabajo que le cuesta hablar, en otras ocasiones casi siempre que hablaba no la entendía, ya que aunque los otros callasen, los de la tele ni bajaban la voz ni entraban en consonancia con sus ritmos. En esta ocasión entendí todo perfectamente.

Pensé que, aunque luego llegaran más personas y, cambiando el estado de la situación se encendiera la televisión, habría merecido la pena. Sin embargo, eso nunca ocurrió. Todos los que llegaron con la tele apagada se incorporaron naturalmente. Al menos yo, olvidé completamente que la tele había estado encendida tiempo antes, y que era la encargada de romper el silencio incómodo. Ahora lo hacían entre todos sin que yo no tuviera que animar nada. Hablé entonces con gente de mi familia individualmente. Jugué con mis primas. Me sentí aceptado por muchos. Cuando todos se fueron, ayudé a recoger, hablé con mis padres y volví a casa.

El cielo estaba de un azul marino por razones que desconocía, pero hacía a las estrellas mucho más claras  y agradables de ver que con el cielo negro. La luna estaba llena. Quería decirme que había sido un día redondo.

Extremismo

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El Diccionario de la lengua española ha decidido enmendar la definición del término extremismo para la vigésima tercera edición. Desde

m. Tendencia a adoptar ideas extremas o exageradas, especialmente en política.

a

m. Tendencia a adoptar ideas extremas, especialmente en política.

Me parece bien, ya que le han quitado connotaciones y han delegado todo el peso en el adjetivo extremo, que no tiene por qué ser exagerado (al loro con la definición de exageración). De todas formas esta enmienda no me da mucha esperanza ni por el trabajo que realizan los que editan el diccionario ni del uso común que se le da en la calle a la palabra extremista. Opino que se entiende como

m. Tendencia a adoptar ideas que no han surgido de los principales medios de comunicación, especialmente si su aplicación requiere un esfuerzo o renuncia a determinadas ventajas o impunidades.

Me alegraría ir descubriendo razones para cambiar de opinión en ambos asuntos.

Réquiem por un campesino español

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Me enteré de que una amiga mía proclama que todo español debería leer este libro. De hecho tiene una ventana que da a la calle repletica de ejemplares de la colección destinolibro. Pero hasta hoy yo no había dedicado el esfuerzo de leerlo.

Nada más abrirlo, me sorprendió el enorme tamaño de la letra. Esto lo hace especialmente agradable de leer, contrariamente a los textos científicos, que tienen una letra minúscula. Además, las cómodas letras contienen cortas oraciones muy fáciles de seguir, sin ningún intento de decir nada “de segundas”. Y no se narran cosas de maneras complicadas ni mucho menos (de lo que a menudo yo no consigo escapar). En el libro, un cura recuerda historias sencillas de las gentes de un pueblo, todas girando en torno a Paco el del Molino, de las que te vuelves cómplice desde el primer momento.

Pero en la segunda mitad las cosas cambian de suerte, siendo estas las últimas palabras del libro:

Yo le bauticé, yo le di la unción. Al menos —Dios lo perdone— nació, vivió y murió dentro de los ámbitos de la Santa Madre Iglesia. Creía oír su nombre en los labios del agonizante caído en tierra: «… Mosén Millán». Y pensaba aterrado y enternecido al mismo tiempo: Ahora yo digo en sufragio de su alma esta misa de réquiem, que sus enemigos quieren pagar.

Quizás no son muy ilustradoras, pero os aseguro que en las apenas 100 páginas de libro tan placenteras de leer, hacen entender perfectamente todo lo que el libro pretende transmitir. Hasta un niño lo entendería. Y digo lo de niño porque me planteo qué hubiera pasado si en vez de que hubiéramos leído en clase Platero y yo hubiéramos leído Réquiem por un campesino español. Pues yo que sé. Probablemente muchos nos hubiéramos puesto triestes, como al menos yo me puse triste con la muerte de Platero, aunque ya se me haya olvidado la historia.

Por otro lado, no estamos preparados para valorar los asesinatos. Ayer pensaba en por qué nos excitan (principalmente al género masculino) las escenas de combates entre humanos. De niño he pasado muchas horas con videojuegos de disparos continuos, aunque prefería los tácticos y los de francotiradores. Siempre que he intentando encuadrar filosóficamente esta atracción por la violencia he aludido a la actividad física, la estrategia, y muchas otras cosas que aparecen en juegos tan sencillos como el escondite. Ayer me decía que lo que ocurre es que es un matar personas sin pensar que estás matando personas, es decir, que matar se interpreta como los sentimientos que te hacen sentirte activo, no como tener que aceptar las consecuencias. Supongo que esa característica no humanizada es la que llaman “acción”, dando nómbre al género del cine probablemente más demandado. Soy partidario de que no se use tal eufemismo, sino que se les llame por su nombre, películas de violencia. Hasta donde yo llego, las condiciones para aplicar eufemismos son evitar discriminación hacia un algo perjudicado, no evitar plantearte que está ocurriendo algo malo.

Empecé queriendo escribir de los drones en Pakistan controlados por la CIA, de cómo en el libro incumplen la promesa de no matar a quien se entrega bajo dicha condición y de cómo, debido a que los que salen en la tele nos presentan las cosas muy oficialmente y con trajes muy elegantes, nos cuesta imaginar que pueden estar actuando como verdaderos capullos. Pero las líneas que he escrito están bien, y es mejor leer (y escribir) pocas cosas que muchas. Y estoy cansado. Y triste.

Habla por ti, no por lo que crees que le parecerá al resto

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Nuestra idea de cómo es la sociedad, de cómo piensa y qué le interesa no debería ser utilizada a la hora de valorar una propuesta. Por ejemplo,

Tenemos que reducir al mínimo los productos que adquirimos que no se producen en nuestros alrededores.

Ocurre muchas veces que, cuando nos proponen algo que no habíamos pensado anteriormente y no tenemos una opinión sobre el tema, en vez de preguntar y querer aprender más, respondemos negativamente, inventándonos un argumento sobre la marcha.

Aunque dichas palabras se parezcan a nuestra forma de pensar, pero en dos segundos no lleguemos a aceptarlas o encajarlas en nuestra visión del mundo, una respuesta usual es

1. Pero eso es muy complicado de llevar a la práctica

o bien, utilizamos nuestra visión de una sociedad con menos capacidades o valores en promedio que uno,

2. Pero la gente no está preparada para esas cosas

o si estamos convencidos de un modelo diferente, simplemente decimos

3. Pero eso es imposible, en el futuro las cosas no van ir así

Por otro lado, la persona que sugiere ideas nuevas debería usar ejemplos y no perderse en estructuras genéricas que son válidas siempre. De esa forma, aunque el otro no llegue a captar tu argumento, podrá pensar más sobre ello con los ejemplos, que será de lo poco que recuerda de entre tantas cosas abstractas.

Y por supuesto, nunca enfadarse. Si se acaba tenso difícilmente se van a considerar las palabras del otro posteriormente. Hay que recordar una agradable relación. Agradecer a tu compañero la amable conversación aun no coincidiendo en todo puede ser una buena idea.

Como regla general, rebaja tu ego, pues ni eres responsable en el nombre de las ideas que transmites ni va a tener ningún resultado positivo para el otro que te molestes. Ni para ti.