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Sal, azúcar y pan

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¿Por qué echamos sal y azúcar a las comidas? ¿Por qué si a una cosa no le va la sal hay que echarle azúcar, y si no le va el azúcar hay que echarle sal? Al menos hasta los confines que conozco, nos acostumbran desde pequeños a la sal y el azúcar.

Ambos son muy demandados por aquellos cuerpos acostumbrados. Probablemente es un mecanismo de protección del tipo: Ahora que tienes acceso a un alimento así, come todo lo que puedas vaya que no encuentres otra cosa con esos ingredientes en un futuro. Eso tiene sentido pensando que la sal es difícil de encontrar en los alimentos comúnes que da la naturaleza. El azúcar sí se encuentra a menudo en la fruta, aunque en cantidades razonables.

Prueba a dejar de echar sal y azúcar a las comidas. Por probar.  Probablemente al principio sentirás que eres incapaz de comer pasta o arroz sin sal. Una prueba de lo excesivamente acostumbrado que estás. Quizá mejor reduce la cantidad de sal y azúcar progresivamente, y al cabo de un tiempo la comida te seguirá gustando lo mismo y comerás de forma más relajada.

Sin embargo, si acostumbras a comprar cosas de esas que ocupan el setenta por ciento de los supermercados, que no valen para nada, pero que a tu cuerpo le gustan ya que fueron diseñadas para ello; te harán mucho más notable que las comes con desenfreno, y que ninguna de las comidas que ahora preparas te hacen querer seguir comiendo de dicha manera. Para mí es clara la moraleja: que esos alimentos han sido diseñados con ideas perversas, y probablemente son los culpables de nuestros problemas dentales y de nuestra dificultad para apreciar que los alimentos que encontramos en la naturaleza sin procesar son perfectamente válidos desde cualquier perspectiva.

Recuerdo una de las cosas increíbles que no podía parar de comer. Una especie de barras de “pan”, porque las venden en un sitio que se hace llamar panadería, pero que traen congeladas en un camión y meten en un horno, eso sí, con mucho estilo panadero, y te sacan después calentitas. Se comen dobladas (incluso se puede hacer literalmente ya que son prácticamente goma). El tema era que a uno le cuesta pensar que algo así no tiene derecho a sustituir al pan por muy bueno que esté. “Baguetes” las llamaban. Tú no seas vaguete y prueba alguna de mis propuestas.

  • Ve a comprar el pan a una panadería de verdad, no a una pastelería.
  • Evita las panaderías que venden un montón de comida basura, o que tienen panes muy bonitos en lugar de panes saludables.
  • Busca panes con harina integral pero, ojo, los panes de cereales son un engaño: es la misma harina ultra-refinada que no tiene nada del trigo que fue un día, pero a la que han añadido cereales para hacerte creer que es más buena.
  • Aprende a hacer pan en casa. Compra harina integral y levadura donde quieras. Verás que está buenísimo y no puedes parar de comerlo. Mejor la próxima vez échale menos sal.
  • Haz tu propia harina.

No compres productos refinados. Nos hacen mal a todos, tanto directamente a la salud como al planeta.

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