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Sobre la represión de la matrix. Hoy: Derechos animales

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El año pasado tuve la suerte de cambiar completa y voluntariamente de ambiente, de tener una vida nueva. Vivía en una calle por donde habían redirigido un gran peso del tráfico, pero que no era muy céntrica. Eso la convertía en una zona apartada del centro turístico y muchas paredes tenían impresiones y mensajes que se oponían a los mensajes diarios del sistema, la matriz o como gustes llamarlo, que no habían sido censurados. En particular había un grafiti muy largo y con un trazo poco armónico que decía algo así como La ley hay a quien sirve y a quien no. Multitud de mañanas lo reinterpretaba y me planteaba si estaba de acuerdo o no con aquel grafiti. Por un lado la letra era bastante fea y forzaba a la gente a leerlo, como hace la publicidad. Haciendo de abogado de la matriz, también pensaba en que las leyes han sido elegidas mediante un protocolo supuestamente transparente que tiene una base supuestamente democrática, por lo que su interés supuestamente responde al criterio de la parte de la población humana que tenía derecho de ir votar y decidió hacerlo.

Pero a esas alturas de mi vida aquellos mensajes me producían un sentimiento de cercanía y no me costaba imaginar que probablemente los había creado gente con experiencias personales con las que me resultaría fácil empatizar si la conociera y que podría estar de acuerdo tanto en el contenido como en el canal y el emplazamiento, aunque en ese momento no podía saber cuáles eran sus razones. Pero en otra época me hubiera dado mucho miedo vivir en aquella zona: habría pensado en hombres gordos con chaquetas negras que llevan cadenas metálicas pesadas en las manos, cuyo pensamiento continuo es el hacer algo malvado porque se recrean siendo malvados. Eso hemos de agradecérselo a Hollywood, supongo, pero también a los medios de comunicación y a los políticos. El sistema estratégicamente ilegaliza aquello que es una amenaza para él, pero no solo se queda ahí, también manipula la opinión pública para intentar deslegitimizar aquello que pueda parecer legítimo a la peña en ese momento.

Cuento esto porque me veo en la inquietud mental de comunicar algunas cosas que me transmitió ayer en una charla un chico que, junto con más de una decena de activistas por los derechos animales, se encuentran a la espera de juicio por haber sido víctimas de un montaje increíble que aparece por primera vez en el estado español aunque organizado a nivel europeo si no internacional. La raíz última del problema es el miedo de las industrias de explotación animal a que la población se sensibilice con los animales no humanos que son tratados como se ha tratado siempre a los esclavos, en condiciones imposibles de calificar sin sufrir, sin ninguna atención a su condición de seres sintientes. Pero como es fácil de intuir, hay demasiado dinero en juego como para justificar que lobbies, políticos e incluso trabajadores de verdad con sueldos públicos, léase la policía del mundo globalizado, dediquen sus horas de trabajo a evitar una posible ola de sensibilización que pueda dañar uno de los grandes pilares en los que se basa la economía de hoy. Lo del montaje hoy es una creencia que no se ha demostrado, pero sería infiel a mi mismo si no lo dijera en esas palabras, pero como escribo a continuación y se puede leer detalladamente en los enlaces, todo lo demás son hechos, documentos y leyes aprobadas.

represion_derechos_animalesLa charla comenzó con la causística de EEUU, que es increíble. Suena ridículo y exagerado, pero las leyes se han ido modificando hasta la ambigüedad de forma que cualquier persona fuera de la vida de consumidor quejica pero conformista puede ser considerado culpable. Por “pertencer” a una “organización criminal” (que suena muy chungo pero es una mera denominación de carácter legal cuya definición cambia con los partidos) eres igualmente culpable por realizar una acción la hayas cometido o no, ya que eres proclive a llevarla a cabo en el futuro. En particular, las leyes en materia de animales han ido especializándose para cubrir todos los flancos sensibles de manera burdísima como no se ha hecho en otros campos. Por ejemplo, se ha tipificado el interferir en el normal desarrollo de una empresa de explotación animal específicamente, lo cual engloba cualquier cosa que un juez quiera, como tomar imágenes o vídeos de cómo tratan o viven los animales en el interior de las granjas y de los malos tratos hacia ellos por parte de los trabajadores humanos. Precisamente sobre esto, en un informe de la europol está escrito (ver más detalles de todos estos puntos aquí),

Además en estos ataques —refiriéndose a los sabotajes a infraestructuras perpetrados de forma clandestina— los activistas extremistas por los Derechos Animales utilizan métodos de desinformación para desacreditar a sus objetivos y conseguir la aceptación del público. Imágenes de animales enfermos y explotados son hechas públicas en documentos audiovisuales.

Desinformación… ¿Como puede ser la realidad desinformación? Pero lo que es más desconcertante, ¿qué pinta una interpretación así en un informe de la europol? Un activista ha dicho acerca de la prohibición a la toma de imágenes, perdonadme que no recuerde las palabras exactas: Solo tienes derecho a comerte la comida, no a saber sobre ella. La razón de este interés en prohibir la libertad de saber es, por favor si realmente algun lector lo duda que lo indique, evitar la sensibilización de la población. Pero esto atenta gravemente contra cualquier evolución del sistema. Es necesario no esconder la verdad para que los sistemas evolucionen a sistemas mejores.

protestas_internacionales

El otro frente es el de la deslegitimación, el poner al pueblo en contra de los defensores de los derechos animales en este caso. Para ello se sirve de muchas herramientas, pero a diario la herramienta más usada es el lenguaje. Palabras ambiguas pero sobre todo intencionadas como “terrorismo”, “extremismo”, “criminalidad” o “ETA” tienen un poder enorme. Por ejemplo, asemejar un movimiento que se opone a la violencia, el que sea, a un grupo de personas que ha preparado la muerte de humanos inocentes es mucho más que inapropiado. Por favor, intentemos prepararnos un poco ante tales situaciones, desprogramémonos quitando connotaciones a sus palabras manipuladoras. Qué menos que entrenarnos un poco con las más comunes.

Libre mercado, libre publicidad

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imvomitinitHoy he ido a la ciudad después de varias semanas. Nada más bajarme del autobus he visto un cartel publicitario de unos 4 metros de alto de McDonald. Utilizaría nombres ofensivos para referirme a dicha franquicia, como McPollas, McMierda, I’m vomiting it, etc., pero eso no serviría de nada. La gente usa esas expresiones y después va allí igualmente sin dar trascendencia a lo que recuerdan esas palabras. Pues el cartel en cuestión, no me pidáis que os diga exactamente lo que ponía, porque sinceramente, me ha conmocionado tanto que ni lo recuerdo, empezaba diciendo algo así como:

Ofrecemos un menú variado por muy poco dinero.

Ya había visto más publicidad de McDonald en la que se hacía ilusión a la variedad, hacer hincapié en eso debe ser importante para ellos. Además, no se puede decir que sea falso, ya que tener variedad de productos no implica, por ejemplo, que sea nutricionalmente variado, aunque a tu cabeza llegue esa idea. Pero lo que no podía esperarme era la segunda parte:

Ir a comer a McDonald es de sentido común.

En aquel momento se removieron todas mis entrañas. De sentido común. De sentido común. ¡De sentido común! ¿Cómo se puede decir algo así? Aunque no tuvieras completamente ninguna duda de algo y quisieras ayudar a alguien, no puedes decir algo así. Si realmente es de sentido común la persona debería reconocerlo por ella misma, ¿cómo tienes la desfachatez de adjudicar a tu criterio el sentido común? Eres humano. ¿Cómo tienes la poca vergüenza de crear una argumentación nemotécnica en un cartel de cuatro metros cuadrados para que todas las personas que pasen retengan la idea de lo que es de sentido común? Se ha pagado esa publicidad para introducirse en los esquemas mentales de innumerables personas. Pero en este caso, los que han diseñado el cartel no creen que eso sea de sentido común. No. McDonald lo único que pretende es que vayas allí a comer tu 40% de carne de vacuno para el que ha sido necesario abusar del vacuno, del agua, de la soja, de los bosques, de los trabajadores, de los espacios… y que te comas también el 60% restante de mierda, para cuya elaboración al menos no ha sido necesario abusar más que de ti y de los puestos de trabajo creados para que diseñarla, producirla, y llevarla hasta tu plato. Perdón, cajita de cartón.

De sentido común. ¿No había alguien que regulaba la publicidad para que fuera leal, justa y no sé qué más? ¡Ah! no, espera, esos eran los de la tele, que hicieron un anuncio publicitario super ambiguo en el que no sabías si realmente se habían atrevido a usar el sarcasmo para una cosa tan seria o realmente afirmaban que como la publicidad no le importa a nadie ellos no tienen por qué hacer nada. ¡Ah!, no, tampoco, esos seguramente en la cartelería de Granada ni pinchan ni cortan. Aquí seguro que es gente muy responsable la que vigila el contenido de la cartelería.

Probablemente es el primer texto que publico con aire enfadado. No me gusta dicha práctica por varios motivos, pero hoy me siento así y no voy a esconderlo. Pues así me encontraba de dolido esta mañana. Abrí la mochila, buscando cualquier cosa que pudiera servirme para boicotear aquella publicidad, pero no llevaba fiso ni papeles. Por un momento me entraron ganas de coger algo pesado y comenzar a aporrear aquel mostrador. O pinturrejearlo. O lo que sea. Pero solo fue por un momento. Si tuviera algo grande como un folio pondría alguna crítica, aunque sería difícil argumentar buenas razones que cruzaran varios campos de razón además de ser escuetas. Pensé entonces que igual era mucho más efectivo escribir “NO ME TOQUES LOS COJONES” con una flecha apuntando a lo de Sentido Común. Recordé que habían puesto una cámara de media esfera unos metros más adelante. En efecto, miré y allí estaba. ¿Te imaginas que por ayudar al pensamiento crítico reciba una “sanción”? Se me ocurre la crítica rápida que puede hacer un defensor de la neutralidad publicitaria para sancionarme:

No tienes derecho a impedir que la gente diga lo que quiera, si no te gusta pues no le hagas caso. Pero no te metas en la vida de los demás, ellos no son imbéciles.

Eso no es aplicable, desde luego, ya que una cosa es la opinión y otra modificar intencionada y agresivamente el campo visual de las multitudes para introducirles ideas con una eficiencia x. Pero es que aunque ese argumento fuera cierto, ellos no lo respetan. El día que abrieron ese McDonald decidí emplear mi tiempo en ir a manifestarme delante suya, comiendo comida vegana y repartiendo información sobre dicha empresa. ¿Y a ellos les pareció bien? A los camareros les hizo mucha gracia, pero el jefe llamó a la policía nacional y vinieron a identificarnos y a preguntarnos cuánto rato íbamos a estar allí. Eso prueba que los que han pagado por esos carteles (que probablemente permanecerán en su vitrina de alta tecnología un rato más del que yo estuve en la puerta) no creen en la libre difusión de ideas. Lo que quieren es, por los medios que sean, conseguir que vayas a gastar tu dinero allí, aunque solo te comas el 60% de mierda y apartes el maravilloso vacuno, si acaso pudieras separarlos.

Pues esta mañana usé métodos todavía más avasalladores. En el billete del autobús, de unos dos centímetros cuadrados, escribí “Sentido Común es NO ir a McDonald”, y lo encajé por la rajilla del marco de la vitrina (un sitio a menudo útil para dejar notas si no tienes fijador). No siento ninguna necesidad de justificar la utilidad que eso pueda tener, pero los medios de comunicación sí que se han encargado de generarnos una idea en la cabeza, aunque después la sometamos a juicio:

Yo soy un terrorista antisistema que debe ser corregido mientras McDonald contribuye al PIB empleando métodos legales que están a la orden del día, como el neuromarketing.

Lo dejaría aquí, pero es que después ocurrió algo que tuvo gracia.

Iba caminando por la calle, tan afectado, que pensaba que a la más mínima oportunidad le contaría mis sentimientos a alguien. Y fíjate por donde, me topé con dos de Intermón Oxfam en mi acera. Y uno me paró.

El chico formuló algo casi literario, con un aire joven. Algo así como que si iba a emplear unos minutos allí con él. Pero yo no estaba agudísimo, y con una cara muy fea y negando con la cabeza le dije «¿Qué? ¿Qué me estás diciendo?». Intentó reformular aquellas palabras de manera más estándar, pero realmente se encontraba sin saber muy bien cómo tratarme. Entonces empecé a hablarle yo:

─ Mira, vengo arrabiado. Cuando me he bajado del autobus he visto publicidad de McDonald diciendo que ir a McDonald es de sentido común. ¿Cómo pueden decir algo así? Estaba allí sin saber qué hacer, y no tenía ni papel, ni fiso ni nada para poder pintar algo encima.

Él entonces me señaló su chaleco reflectante donde estaba escrito “Intermon Oxfam”, diciendo algo sarcástico con relación a que él mismo estaba haciendo publicidad. Pensé que se sentía atacado, pero a continuación añadió:

─ Aunque no tengas papel lo que siempre puedes hacer es coger algo que haya por ahí cerca y reventarlo contra la marquesina. Por la noche o cuando sea.

Entonces yo, que no quería hacerle creer que me quejo por todo indiscriminadamente, le expliqué que no era tanto el hecho de que hubiera publicidad en si, sino que permitieran que se pudiera poner en ella lo que les diera la gana. Entonces el chico me dijo:

─ ¿Y mañana qué empresa va a poner la publicidad? ¿Burger King? ¿Tú crees que la publicidad que va a poner Burger King va a ser mejor? ¿Mercadona? Tú revienta la marquesina y ya así no puede poner la publicidad ni McDonald ni nadie.

Yo desde luego me encontraba sorprendido, ya que había entrado acomplejado de vándalo por alterar los flujos de información y él me estaba proponiendo inutilizar los canales de publicidad. Me planteba si me lo decía por exagerar o realmente pensaba que era la solución, teniendo voluntad de hacerlo él mismo. Dado la forma en que se le había iluminado la cara y cómo se recreaba, me pareció lo segundo.

─ Pues sí, en cierto modo sí. Bueno, me voy, pásalo bien.

Y el tío, con una cara muy feliz, me dio un puñetazo amable en el hombro y me dejó marchar. Yo estaba un poco extrañado. Por unos segundos concebía que todavía quisiera contarme el rollo (que no es tal) de Intermon Oxfam y tuviera que darle largas, pero por supuesto no lo hizo. Seguramente sería lo más divertido que le pasaría en toda la mañana.

Pero el chico este tenía mucha razón. Acepto que hay publicidad y ¡¡PUBISCIDAD!!, pero hoy no puedo permanecer neutral con respecto a la libertad legal de que dispone y que la protege. No soy una persona violenta y no me siento cómodo creando brotes de entropía, pero estoy harto de que no pueda poner de ningún lado la caja de cereales que hay sobre la mesa para poder escapar de su rango de acción. Harto de no poder esquivar modelos de realidad que personas interesadas quieren que estén en mi cabeza mientras yo no. Y de que lo hagan con el resto de individuos de mi especie, por supuesto que también.

Réquiem por un campesino español

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Me enteré de que una amiga mía proclama que todo español debería leer este libro. De hecho tiene una ventana que da a la calle repletica de ejemplares de la colección destinolibro. Pero hasta hoy yo no había dedicado el esfuerzo de leerlo.

Nada más abrirlo, me sorprendió el enorme tamaño de la letra. Esto lo hace especialmente agradable de leer, contrariamente a los textos científicos, que tienen una letra minúscula. Además, las cómodas letras contienen cortas oraciones muy fáciles de seguir, sin ningún intento de decir nada “de segundas”. Y no se narran cosas de maneras complicadas ni mucho menos (de lo que a menudo yo no consigo escapar). En el libro, un cura recuerda historias sencillas de las gentes de un pueblo, todas girando en torno a Paco el del Molino, de las que te vuelves cómplice desde el primer momento.

Pero en la segunda mitad las cosas cambian de suerte, siendo estas las últimas palabras del libro:

Yo le bauticé, yo le di la unción. Al menos —Dios lo perdone— nació, vivió y murió dentro de los ámbitos de la Santa Madre Iglesia. Creía oír su nombre en los labios del agonizante caído en tierra: «… Mosén Millán». Y pensaba aterrado y enternecido al mismo tiempo: Ahora yo digo en sufragio de su alma esta misa de réquiem, que sus enemigos quieren pagar.

Quizás no son muy ilustradoras, pero os aseguro que en las apenas 100 páginas de libro tan placenteras de leer, hacen entender perfectamente todo lo que el libro pretende transmitir. Hasta un niño lo entendería. Y digo lo de niño porque me planteo qué hubiera pasado si en vez de que hubiéramos leído en clase Platero y yo hubiéramos leído Réquiem por un campesino español. Pues yo que sé. Probablemente muchos nos hubiéramos puesto triestes, como al menos yo me puse triste con la muerte de Platero, aunque ya se me haya olvidado la historia.

Por otro lado, no estamos preparados para valorar los asesinatos. Ayer pensaba en por qué nos excitan (principalmente al género masculino) las escenas de combates entre humanos. De niño he pasado muchas horas con videojuegos de disparos continuos, aunque prefería los tácticos y los de francotiradores. Siempre que he intentando encuadrar filosóficamente esta atracción por la violencia he aludido a la actividad física, la estrategia, y muchas otras cosas que aparecen en juegos tan sencillos como el escondite. Ayer me decía que lo que ocurre es que es un matar personas sin pensar que estás matando personas, es decir, que matar se interpreta como los sentimientos que te hacen sentirte activo, no como tener que aceptar las consecuencias. Supongo que esa característica no humanizada es la que llaman “acción”, dando nómbre al género del cine probablemente más demandado. Soy partidario de que no se use tal eufemismo, sino que se les llame por su nombre, películas de violencia. Hasta donde yo llego, las condiciones para aplicar eufemismos son evitar discriminación hacia un algo perjudicado, no evitar plantearte que está ocurriendo algo malo.

Empecé queriendo escribir de los drones en Pakistan controlados por la CIA, de cómo en el libro incumplen la promesa de no matar a quien se entrega bajo dicha condición y de cómo, debido a que los que salen en la tele nos presentan las cosas muy oficialmente y con trajes muy elegantes, nos cuesta imaginar que pueden estar actuando como verdaderos capullos. Pero las líneas que he escrito están bien, y es mejor leer (y escribir) pocas cosas que muchas. Y estoy cansado. Y triste.

Teléfonos inteligentes para hacer a los humanos estúpidos

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Con los coches, l×s urbanit×s ya no saben caminar o ir en bici, pero se quejan de la «epidemia» de la obesidad, de los atascos, de la contaminación, de los accidentes, de las guerras por el petróleo, etc. Y ni se les ocurre tocar la tierra con los pies. Se ha olvidado como se vivía sin coche y este olvido es una amputación. La prótesis ha sustituido el miembro y poco a poco ha mutado en discapacidad…

La misma lógica sostiene el marketing del móvil que se vende como una herramienta inteligente. Observemos l×s usuari×s de teléfonos móviles, incapaces de moverse en el espacio, incapaces de llegar puntuales a una cita o de esperar diez minutos sin entrar en el pánico de llamar, incapaces de imaginar como quedar con alguien sin móvil, incapaces de buscar y encontrar alguien en un sitio sin su cacharro…

Fuente: ¡Quema tu móvil!

La fuente de donde he tomado el texto es muy interesante y ha sido el gran descubrimiento de hoy. Analiza los puntos negativos que supone el uso del teléfono móvil, basado principalmente en la legislación de España. En realidad es difícil de describir su temática, y por ello no les culpo que sencillamente lo hayan llamado ¡Quema tu móvil! aunque no me parezca una buena idea literalmente; ese título es muy sugerente y no necesita de largas líneas para intentar presentar su contenido.

Si te interesa el tema y descubres en los textos un vocabulario diferente al tuyo o al que has asociado muchas connotaciones, te animo a que te tragues la figura de tu ego protector y lo leas de todas formas. Certifico que no será doloroso en este caso, yo lo he leído entero página tras página y me ha encantado tanto la extensión como la calidad de su contenido, además de que intercala diferentes aspectos de manera muy armónica. Cuando al final descubrí que era un fanzine comprendí muy bien que esa armonía no era una casualidad.

La delegada del Gobierno niega que hubiera represión en la protesta estudiantil

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Esa es la cabecera de esta noticia de lainformación.com.

No puedo hacer otra cosa que apoyar la iniciativa de Actuable:

Pide el cese de Paula Sanchez de León como delegada del gobierno en Valencia

D. Cristobal Ricardo Montoro Romero

Me dirijo a usted para solicitarle el CESE INMEDIATO de Doña Paula Sanchez de León como delegada del gobierno en Valencia, institución que depende directamente del ministerio de cuya cartera es usted portador.

Las razones son sencillas, contundentes y de sentido común:

– Por tolerar agresiones a menores de edad por parte de miembros de las fuerzas de orden público.
– Por no iniciar ningún tipo de investigación acerca de los hechos disponiendo de material gráfico (particular y publicado en medios de comunicación) que demuestran la gravedad del asunto en cuestión.
– Por justificar, apoyar y continuar con estas medidas represivas.
– Por permitir el abuso indiscriminado de la fuerza en manifestaciones con claro caracter pacífico.

Los miembros de los cuerpos de seguridad del estado están para velar por el orden y no para abusar de la fuerza.

Sin nada más que decirle, quedo a la espera de sus noticias.